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Mario y Mauricio, víctimas de bomba, restauranteros desde jóvenes

"Los dos eran trabajadores, eran buenas personas, siempre veían por los demás, por sus empleados..."

Aunque las dos víctimas mortales de la explosión de Salamanca desde su juventud se dedicaron al gremio restaurantero, fue apenas hace unos 8 años cuando se conocieron y mientras emprendían una amistad entrañable, también creaban proyectos.

En el caso de Mario, quién la semana pasada cumplió 50 años de edad, su carrera en el medio inició desde abajo, pues de acuerdo a sus familiares, su primer trabajo fue como garrotero.

Con el paso del tiempo se fue abriendo espacio en diferentes negocios hasta que se hizo gerente de un restaurante familiar donde el domingo sufrió un atentado junto con Mauricio y ambos perdieron la vida.

Los dos eran trabajadores, eran buenas personas, siempre veían por los demás, por sus empleados, siempre los apoyaban en todo, mi hermano era una persona que ayudaba hasta el peor indigente de la calle, buen hermano, buen papá , buen hijo, buena persona
comentó.

Mario era la mano derecha de Mauricio, quien era empresario también del sector restaurantero y quien este miércoles cumplía 42 años de edad.

En el caso de Mario, su familia dijo que se trataba de una buena persona que le gustaba ayudar a los demás porque sabía lo que era empezar desde abajo, y que incluso, aunque se trataba de su cumpleaños, le gustaba trabajar ya que decía que era una bendición tener una oportunidad laboral en estos tiempos.

“Toda su vida, toda su vida, toda su vida empezó desde garrotero hasta que mantenía su negocio, como todo hay negocios buenos, quiebran, pero siempre, él era el gerente de ahí”, comentó.

Mauricio Romero emprendió una carrera universitaria en la Universidad de La Salle Bajío, pero desde muy joven se desenvolvió en los negocios en el municipio de Salamanca.

Siempre le gustó el sector restaurantero, tanto, que incluso, en plena pandemia, se dio a la tarea de abrir un nuevo proyecto, pero nunca imaginó que era el último y donde perdería la vida junto con su amigo y mano derecha en los negocios.

Su familia lo recuerda como un hombre sencillo, querido por la gente que no usaba carros ostentosos y que vivía en casa de sus papás, pues aún era soltero sin hijos, pero con una novia.

Este martes ambos fueron enterrados en diferentes panteones del municipio petrolero luego de sufrir un atentado que les quitó la vida, cuando dos jóvenes llegaron el domingo pasado hasta el restaurante donde trabajaban para entregarles un regalo que dentro escondía una bomba.